Pedro Galli
(Coplas de ciudad)
Con gran alegría, presento “Coplas de Ciudad”:
historias de urbe con aire de campo, cruzan los
caminos.
Vidala en la Pampa, milonga en la Puna, la huella en
forma
de cueca, la zamba que une y guía.
El viento afila los cerros, en valle -de estrellas- sin
luna,
la noche -que viaja conmigo- no dice de dónde venimos
ni a dónde vamos –corea en voz de Atahualpa canta:
“de un sueño lejano y bello, viday, soy peregrino”.
(Coplas)
Si este viernes trae coplas
voy a tratar de juntarlas,
busco coraje en la chicha
y magia con la vidala.
Canto, digo lo que quema,
tengo caja y voz quebrada,
empiezo a la mañanita
que se hace madrugada.
Coqueteo con la zamba,
la engaño con la baguala,
fue novia mía la cueca
atrevida en la guitarra.
Si este viernes trae coplas
voy a tratar de juntarlas,
con respeto a las cantoras
y más a la Pacha mama.
(Coplas II)
Yo vendo unos ojos negros,
que nadie quiere comprar,
tienen la mirada triste,
están llenos de humedad.
Ayer los puse en oferta,
en la esquina acá nomás,
me pidieron un descuento
y en seis cuotas a pagar.
Consciente del regateo,
me he detenido a pensar,
que si los pinto de verde,
pueden valer algo más.
(Estaciones)
En el verde de tus ojos,
que anunciaban primavera,
vi al otoño prolongarse
en invierno y cuarentena.
Las heladas ya tardías,
el perdón, una sonsera;
fui tuyo cinco veranos,
pareció una vida entera.
(Despedida)
El amor en la derrota
no es fracaso ni despido,
toda sangre que alborota
te domina, enfurecido.
Si fue novia o ex esposa,
y te sentís malherido,
sabete que en esa hora,
ambos resultan dolidos.
Tan triste como la nota
de un violín descolorido,
la batalla no es la guerra,
ni perder, es ser vencido.
Hace falta una chispa
que provoque el estallido,
ella tenía pa’l truco,
y yo ni para el envido.
El duelo es agrio y brota
nostalgia de lo vivido,
los dos dejan un pedazo
de corazón sin latido.
Si te sirve esta copla
de un poeta aprendido,
créeme que la memoria
está llena de olvido.
(Trampa)
Puede decirme la zamba
que canto de madrugada,
hubo veces de quererme;
otras, de no sentir nada.
Ya no busco más excusas
ni hago reclamos al viento,
porque me he mentido tanto
que ni merezco el silencio.
Tal vez me toque el olvido,
es casi como morir lento,
o las páginas más crueles
o las brasas del incendio.
Siempre preferí las llamas,
y no me pone contento,
el destino sale caro, si le
hacemos trampa al tiempo.
(Zamba de domingo)
Si el otoño trae soles
cuando llega la mañana,
me quedo con la que canta,
y moja la piel con ansias.
Si el aire me da respiro
y el corazón me delata,
yo quiero esos ojos negros
que de profundos engañan.
Ella me canta al oído
una tonada cuyana,
supe morir en la noche,
revivir a la mañana.
(A Gustavo Fayolle)
Si esta zamba no te honra,
ya no la quiero cantar,
fuiste la huella precisa
que nos hizo caminar.
Corazón dado y curtido,
generoso al palpitar,
el aliento a toda prisa,
la sonrisa y la amistad.
Siendo poco conocidos,
la música fue hermandad,
entre peñas, guitarreadas,
y un leguero que tocar.
Cuando todos te celebran
es porque fuiste señal;
si esta zamba no te honra,
ya no la quiero cantar.
(Perdonarme)
Si soy frágil me transformo
y me lleno de corazas,
son tantas que ni las balas
ni los besos me traspasan.
Si soy débil me defiendo,
es mi arma -la palabra-
ella me dice verdades,
a veces me da confianza.
Si estoy triste me sonrío
y canto una vieja zamba,
la guitarra al lado mío
es una moza en la cama.
Si estoy ido me encuentro
con lo que adentro calma,
suelo pecar en las noches,
perdonarme a la mañana.
(Payada)
En un sábado cualquiera
de un otoño equitativo,
probé mutar en activo,
y salir de la crotera.
Cuidarme al usar la jeta,
no ser cazador furtivo,
no vaya a ser por perdido
me manden con el profeta.
Mandé al tacho la receta,
de aquel médico esquivo,
me dijo más sustantivo,
menos verbo, qué sotreta!
Consciente de la jaqueca
antes de ese cruel castigo,
empecé por el ombligo,
y terminé en las tetas.
La señora, de vendetta,
me decretó al olvido,
quedé algo dolorido,
y preparé la maleta.
No echo culpa a la yeta,
lo tenía merecido,
al que se pasa de vivo:
lo devora la cajeta.
(La deuda)
En un embrujo ladino
a la hora más funesta,
tocó timbre el cobrador
y me sacó de la siesta.
Aún algo aturdido,
buscando la billetera,
vi que estaba más flaquita
que maniquí de vidriera.
Le dije que era lunes
en tono lleno de queja,
que pase jueves o viernes,
pero se quedó en la puerta.
Levantó la voz y dijo
que venía por vez tercera,
ya no había más excusas,
para pagar esa deuda.
D’entré a pensar decidido,
para encontrar respuesta,
y la luz me iluminó,
que solución más certera.
Lo miré firme y erguido:
mi cuñada está soltera,
se la ofrecí sin dudar,
logré que se distrajera.
Gaucho “alzao”, solterón,
no zafa de la trampera,
como peludo e’ regalo,
“tuíto” para mi suegra.
(Los duendes)
Noche larga como tantas,
que el silencio te visita,
le hablás y no contesta,
la quietud aterroriza.
Amalaya que los duendes
vengan de patio a casita,
canten, bailen, sea fiesta,
la bebida: agua bendita.
(Para armar)
Fueron sábados enteros
que te pensé sin parar,
sismos vibrar en el celu,
mensajes nunca llegar.
No poder gatear el suelo,
menos abismo trepar,
intenté nacer de nuevo,
y me cansé de abortar.
Fue el alerta de los teros
que me hizo despertar,
ser un eterno soltero,
precio caro de pagar.
Me dijiste traicionero,
nunca mentí al desear,
siempre regreso entero,
en pedazos para armar.
(La Traición)
Pongo la mano en el velo
que cubre la piel de escamas,
los vinos estaban rancios
y me mandé la macana.
Cobarde para el amor
no dura ni cuarto de hora,
cuando se moja el deseo
y es carnívora la flora.
Luego volví a ser humano,
despacio, y con paciencia,
tropecé con la conciencia
y traicioné a un hermano.
Sabiendo del cruel castigo,
caminé tan cabizbajo,
los pies ya no hacían ruido,
el alma se hacía pedazos.
(Si aún duelen)
Lo que no mata, lastima,
la terapia es intensiva,
sea diván, o de pastillas,
de ataque o defensiva.
Dicen que te fortalece,
primero cerrar la herida,
si la canilla gotea;
agua pierde, resta vida.
Te aferrás al desapego,
el amor es de suicida,
no repetir si aún duelen
recuerdos y sacudida.
Te fugás dejando en otras,
míseras sobras comidas,
la peor venganza es ser:
un vampiro sin mordida.
(Fruto en flor lejos de casa)
Sentí el peso de la sombra:
fruto en flor lejos de casa,
no acertar calle, vereda,
fue perderme, una gracia.
Un faquir afila alfombras,
sin
piedad pa’ quién fracasa,
pero es más cruel la espera,
si el reloj de arena atrasa.
La respuesta sin pregunta
conciencia, culpa barata;
la angustia, cosa fulera;
la tristeza, duele y pasa.
Esas huellas de los genes,
sé salir, antes de entrar:
cartel ahorca tranquera
dice: prohibido cazar.
(Qué lindo el amor)
La ansiedad se apresura,
el amor lleva paciencia;
si el alma no se cura;
usar magia, y no ciencia.
Es un acto de locura,
dicen cultos con sapiencia;
si volar, medir altura,
y renovar la licencia.
Tragedia agria en dulzura
morir: acto de clemencia,
cementerios de cordura,
sin lugar para demencia.
Evitable en la espesura,
adaptarse, experiencia:
es eterno mientras dura,
el deseo, o la apariencia.
Pena leve es perpetua,
sin suspenso, la sentencia,
condena en prisión segura,
sin visita de Ex ni suegra.
Celda cómoda -algo oscura-
atom lux –supervivencia-,
se me dio por la lectura:
leo: “Romeo y Julieta”.
(Verbo es estar en movimiento)
Las huellas que dejo en el teclado
lleno de polvillo y sedimento,
servirán de prueba, incriminarme
no será tan fácil, lo lamento,
aunque los sabuesos del pasado
quieran develar mi pensamiento,
las claves que uso para armarme
me salvan de todo seguimiento.
Hoy no me invitaron al asado,
a pesar de eso estoy contento,
tuve el ancho falso -treinta y tres-
el mejor scotch, cuando sediento.
El espejo es Selfie de agotado,
luego del enésimo intento,
mejorar presente, no pasado;
verbo es estar en movimiento.
(La luna tan despiadada)
Recuerdo en noche desnuda
la luna tan despiadada,
comiéndose las estrellas
sin prisa pero sin pausa.
Era un silencio de campo
que hasta el aire se callaba,
el vino haciéndose canto
entre fuego y recitadas.
Recuerdo en noche desnuda
la luna tan despiadada
comiéndose las estrellas
sin prisa pero sin pausa.
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